No sé de donde regresó el anhelo
de volver a cantar como en el tiempo
en que tenía entre mi puño el cielo
con una perla azul el pensamiento.
De una enlutada nube, la centella,
súbito pez, hendió la noche cálida
y en mí se abrió de nuevo la crisálida
del verso alado y su bruñida estrella.
Ahora ya es el hino centelleante
que alza hasta Dios la ofrenda poderosa
de su bruñida lanza de diamante.
Unidad de la luz sobre la rosa.
y otra vez la conquista alucinante
de la eterna poesía victoriosa.
– Juana de Ibarbourou –


Gracias por participar y por tus palabras.
Vuelve siempre
Muy lindo poema y dulce como tu.